miércoles, 30 de junio de 2010

Despeinado

Has llegado tarde a mi funeral. Cuando ideas pesimistas inundan mi cabeza y no quiero ver a nadie, ni estar con nadie. Menos tú.

Adoras el sentido del humor de los británicos y la estupidez de los satánicos, los inorgánicos y el pánico que provocan los mesiánicos. Menos tú.

Todo el camino despeinado, tal cual me levanté. Y ahora un jodido estilista necrofilico, hace una prospección en mi cabello para decidir hacia dónde hacerme la ralla. Menos tú.

Quería ser diferente al resto, nunca entre en su juego, aunque a veces coqueteo con el. No quiero ser cómo tú, ni cómo nadie. Y los capullos se despeinaban imitándome. Menos tú.

Inventaron métodos, técnicas, invirtieron demasiado tiempo en algo tan simple. Y aun así, no les salía. Menos tú.

Mientras me daban palmaditas en la espalda y atraía a desastres emocionalmente inestables, el vacío existencial se llenaba aun de más vacío. Menos tú.

Siempre me justifiqué diciendo que todo eso eran cosas que hacia mientras tardabas en llegar, hasta este momento que estoy muerto. Menos tú.

El Ché era un asesino, dueño de una franquicia de camisetas que cotiza en bolsa junto al payaso de McDonal. Así de este modo disertar sobre la mortandad resulta fácil y divertido cediéndole todo el merito a un ser omnipotente, que me acoja en sus brazos o simplemente que sea en el mismo momento que una chica lo diga, siendo desterrado de los suyos. Menos tú.

Porque reputado y putativo tienen demasiado en común y van del puta de la mano. Cuando uno no quiere volver dónde fue en algún momento feliz, le llama un colega. Menos tú.

Cuando te quedes sola, fíjate en la inscripción de mi lapida. “iba de coña” para todos, hacia todos, sabes lo que viene tras el punto. Menos tú.

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