¿De que habla?
Pues de la soledad.
Del no amor.
Del sentirse a gusto consigo mismo y nada más.
De algo difícil de explicar.
Del ser humano vulgar.
De ti, de mí.
De poco más.
De la soberbia desatada.
De el afán, de ir de rama en rama, de nada.
Todas las canciones me parecían la misma hasta entonces.
Los libros… tiempo perdido.
Películas que entendí sin ver.
Y aun así me molan.
Todo sobre tu batalla.
Me conoces de eso y de nada. Y aun así mejor que cualquiera sabes como arrastrarme a tu guerra, como meterme entre tus piernas.
Te vi, nose… tiempo perdido, cada vez tardas más en aparecer y sigo siendo el mismo.
En la estación de la duda te vi nacer, igual que aquel nefasto director de acto.
Como aquel idiota obsesionado con otra, que no fuese nunca en timpo verbal tú. Y se encendió la luz, gritaron “cortem”… y siguió la penumbra entre la sombra.
¿Te obsesionas?
Me obsesiono.
Cada cual que atienda a su juego, pero nunca me aleje de tu juego. Hablando un poco de todo.
Hasta luego, hasta nunca y me enamore de eso.
Recuerdo vagamente un beso. Quedar contigo en volvernos a ver, tomar zumos y fumar el humo de palabras que no sabíamos decir, que no sabíamos como, que no sabíamos decir.
Recuerdos de tu cuerpo, arañazos de cuya existencia ignoraba que desaparecieron pronto de mi espalda. Lo mejor, tu peso y como te levantaba haciéndote más alta.
Un pedo que me guardaba, tu pecho me aliviaba, las sombras me asustaban, los restos del naufragio naufragaban en una mar en calma. Una mar de palabras.
Madrid mojado esta bonito, pero resbala.