domingo, 30 de noviembre de 2008

Nacida para correr. (Capítulo cuatro, lunes)

Suena la alarma del móvil, empieza a entrar claridad por la ventana. Yo me acabo de acostar hace una hora, ayer comencé a ver “Lost” y voy por el capitulo 22 y me espera el éxodo y la segunda temporada.


Le doy un manotazo al móvil, mis parpados por un momento se despegan, pero caen por su propio peso. Intuyo que se ha despiezado, pero no voy a levantarme a por el.


Oigo a los hijos de los vecinos pelearse, ¿para cuando vasectomías a partir de los doce? Se me escapa una sonrisa, mi mente crea imágenes sexuales...


Me estoy meando, pero aguantare un poco más. No lo hago por el placer en si que da apretar el coño, sino porque estoy en la cama y de aquí hoy no me mueve nadie.


El cartero llama a mi puerta, ¡mierda! Ya no llego a la segunda clase. Que se joda, solo por eso no abriré la puerta, bueno por eso y por la cama.


Ya deben ser las dos, escucho los Simpson en la tele del vecino. Por un momento hago por levantarme, pero enseguida caigo en la cuenta del capítulo que es.


Llega mi compañero de piso, un sudaca que se mata a trabajar y durante media hora al medio día sube a casa a pelársela. Tendré que esperar otro rato en mi cuarto.


Me siento, me ha entrado hambre. Abro el portátil, conecto los cascos y me pongo “el éxodo”.

Me jode tener que cocinar y más con la puta adicción que tengo a perdidos.


En la cocina, pongo a hervir agua sin saber muy bien que voy a comer. Me quedan unos pocos espaguetis y un puñado de arroz, esa será mi comida.


El mechero que he utilizado para encender el gas, no suele ser ese, alguien se ha dejado un clipper pequeño, verde brillante en la encimera. Alguien se ha quedado sin mechero...


Al final he salvado bastante bien la comida y no se si es por que he comido en dos minutos o por los remordimientos, pero algo golpea mi estomago.


Venga, haré algo de provecho, es decir, gastare dinero.


Me lavo y me visto, recojo las cosas, en la mochila, puede ser que me acerque por la biblioteca a estudiar. Cojo dinero, puede ser que compre comida, comprare tabaco...


ESE DÍA ME DEJE EL GAS ABIERTO.


lunes, 24 de noviembre de 2008

Mi primera vez. (Capítulo tres, domingo)

Está derrotado, son las once y no quiere salir de la cama. Sus amigos no paran de pitar en la puerta de su casa y de vocear su mote. Desde que se echo novia, sus colegas nunca han ido a buscarle a casa. Siempre se veían más tarde en el bar de su madre. Pero este finde, como últimamente venia siendo habitual, su chica se había quedado en Madrid.

Restregándose los ojos en calzoncillos, abre la puerta, agita el puño y maldice. Sus colegas se descojonan, se restriega la polla y bosteza. Uno grita;
- ¡Que vamos “palla”! “Aluego” te vienes.
Sube la música y sale haciendo rueda.

Se mete al baño, apunta con el tubo de pasta de dientes hacia su boca, aprieta como si quisiera una muerte mentolada y se atraganta. Empieza a toser, escupe como un viejo por su calle, le dan arcadas, escupe bilis, para, respira, se tranquiliza. Se mira al espejo, se le queda una mueca de absurdo. Apoya su mano y la levanta rápidamente, dolorido se mira y tiene una raja. Empapa su mano en Betadine y suspira enseñando las anginas. Se empapa la cabeza, agita los pelos empapando el espejo y sale.

Su cama está sin hacer, se sienta en ella. Coge el móvil, da a la tecla de llamada y sale la primera, su chica. Aprieta el botón.

Se tumba en la cama mientras da tono de llamada, con la otra mano se coge la polla.

El móvil le devuelve 3 pitidos de fin de llamada. Deja violentamente el móvil sobre la mesilla. Coge el portátil en el que hay una foto en una esquinita, de su novia, de cuando estuvo en Paris, con la gente de su facultad y lo pone sobre su cama, entra con cierto despecho en una página porno. Busca la sección de famosas, coge la almohada y se restriega frente al portátil, que reproduce el video y del que cuelga una fotito.

Llega corriendo, al bar a ver la salida de la carrera de formula uno. Sus colegas acaban de dejar el futbolín y se amontonan frente a la tele. El se queda junto a la puerta expectante.

Su madre le grita desde la barra;
- Ya era hora. ¡Pásate pa’ dentro, que hay mucho corte!
Sus colegas murmuran y se ríen.
Su madre, tiene ese poder de madre, de captar los estados de ánimo a la primera y pregunta a uno de sus amigos, sobre la salida nocturna de la jornada anterior. El colega muy solemne y con mucho tacto para que no le oiga su amigo, echado totalmente sobre la barra le explica a su madre. Su madre se recompone y sonríe agitando la cabeza.

En la cocina suena ruido de platos rotos. Su madre le manda a jugar al futbolín con los colegas. Este tira contra al suelo el único plato que se había salvado y sale del bar echándole la mirada del tigre al colega…

Es de noche, esta temporada para él, no ha existido la jornada 12 de liga. Se ha quedado en casa tocando toda la tarde y ya tiene una canción;
(Murmura entre arpegios)…y al final, la luz. No tan roja como la de la lámpara que nos alumbraba aquella noche.
(Canta, mientras toca quintas con mucha rabia, a lo Cobain) No vi vuestras cabezas, no jugaba en casa, me toco con un mongolo, me tirasteis la cerveza, me clave un cristal, ¡al pasar bajo el futbolo*!

LE FALTO ROMPER LA GUITARRA.


*Vease; Futbolo – Futbolín (Para el que no lo tenga muy claro).

domingo, 16 de noviembre de 2008

¡Qué mala saña! (Capítulo dos, sábado)

Es una putada vivir al otro lado de la M-40. Las chonis me miran mal, y no puedo darme el lujo de hacer esperar a la gente.

Porque una cosa es esperar un poco y otra es llegar con una hora o más de retraso…

Y ese es mi problema al vivir lejos, que nunca, por mucha atención que preste a los horarios de metros y autobuses, clavo un tiempo justo para hacerme esperar. O me pasa como a los sobreestimados, por el mismo Robe, Extremoduro. Que puede estar la gente esperando 3 horas y no estar aún en el escenario. O bien me pasa como a los Vetusta Morla y llego siempre antes que todos y me toca esconderme tras cualquier persona más alta que yo, menos mal que eso no es difícil…

Cuando llegué a Madrid hace dos años, mi zona preferida para salir era Malasaña, pero claro, estaba recién llegada y una chica sola en esos bares atrae gente demasiado rara…

Aun así y empujada por el poco movimiento de la gente de la facultad, me dio por salir sola y así conocí a “Rats”.

Ella trabajaba de camarera en el Vía Láctea, un sábado, acababa de cruzarme del laberinto al vía láctea, después de fundir los tickets de bebida.

Unos modernitos de zapatillas con dibujos de Mickey Mouse, gafas más raras que las de la vieja que atiende en el laberinto, que parece sacada de “Alicia ya no vive aquí” y corbata a cuadros, jugaban al billar. Columpiándome entre la multitud caí en la cuenta: “Tengo un gran dominio de mi vejiga, pensaba antes de tomar tanta cerveza…” y llegué hasta el baño.

Dos tías hablaban sin parar, en la puerta del retrete, una, de la “queta” y la otra le respondía, que qué tal le había ido el día, mientras hacia guardia en la puerta.

El puerta interrumpió su tertulia sacándolas fuera del baño. En ese momento vi la luz e hice mi incursión en el meadero. Con el pie levanté la tapa, sin darme cuenta que había unas rayas pintadas sobre esta. Me bajé bruscamente las bragas y ploff… en tol meao ¡coño! Exclamé.

Pero daba igual que estuviera haciendo equilibrios para mear, que mi equilibrio con tantas cervezas se resintiese, que una macarra me gritase desde fuera “¡que me voy a tener que mear en el lavabo!” y que tuviese que abandonar mis bragas en el Vía Láctea, porque abuelos y abuelas, sonaba “somebody to love”. Jefferson Airplane petando el Vía Láctea.

Me subió el escalofrío, ya estaba acabando, el DJ había cortado la canción, de Vietnam a Irak con un simple movimiento de muñeca. Al otro lado del tabique, se podía oír entre rebotes acústicos del bajo de “The White Stripes” al puerta disfrutar de una felación en el servicio de los tíos.

Me subí la falda, mientras las zorras de antes abrían la puerta. Al ver que me levanté de mear, la estúpida me sacó de los pelos, mientras gritaba: "¡mi coca, mi coca!" Lo vi como si me lo hiciese ver Cristopher Doyle, con contrastes de velocidad- Creí que estaba al principio de Chungking Express, cuando la persecución por Kowloon. Alguien se había interpuesto entre la zorra y yo. Fui a parar al suelo del tigre…

Vi una especie de ángel, con mogollón de rastas y de piercings. Cómo una ráfaga, sacaba a las zorras entre los modernillos, que veían sin solución los tercios de Heineken en el suelo.

Cuando me estaba recomponiendo, oía la voz de la macarra que quería mear en el lavabo. Pero ahora me preguntaba por mi salud…

Me pasó a la sala de calderas del Vía Láctea, me dejó ropa que por allí tenia y metió en una bolsa la mía, preguntándome: "¿la tiro ya al contenedor o lo harás tu mañana? "

Debería ya ser de día, cuando llegó con dos gin tonic, susurrándome “break on through” y contoneándose como Morrison



CREO QUE SI, QUE ES AQUÍ DONDE EMPIEZA TODO…

lunes, 10 de noviembre de 2008

Veintegenarios (Capítulo uno, viernes)

Hace cuatro días y 20 años que nací. A mi novio no se le pasó, aunque se que le pilló sin un plan definido. Se lo noto hasta en la forma de coger el volante de su Clío, en la forma de poner su mano un poco temblorosa y más sudada que de costumbre sobre mi rodilla. Hago un movimiento sutil con la pierna, su mano acaricia mi muslo y me sonríe. Antes de que diga nada, ya se que hasta mañana no me va a llevar a casa a dejar la maleta…

Joder, en el tren solo pensaba en llegar a casa y escuchar el concierto de russian red del otro día. Me pone esa tía más que nadie, pero era mi cumpleaños y no me iba a quedar escuchando la radio, además “tampoco soy lesbiana”, pensé hacia mis humeantes adentros. Además estoy cansada, llevo 4 días prácticamente de fiesta, lo que me recuerda que me queda un cigarro. A él no le gusta… pero hoy es mi día (aunque lo lleve siendo toda la semana).

Mierda, seguro que has sido tan cutre de encargar una cena en el bar de tu madre. Es lo primero que le espeto tras un largo silencio en el coche y lo peor es que no han llegado sus dedos a rozar mi vello púbico y el pobre ha retirado la mano asustado. Si, a veces me paso un poco… Pero es que en presencia de su madre no puedo fumar y me espera una larga cena sin tabaco y sin saber muy bien dónde mirar y cómo fingir, cuando su madre me de el regalo cutre de turno, con todo su mal gusto y toda su buena intención.

Llegamos al bar Loli, su madre nos ha preparado unas de sus famosas croquetas de bacalao y tendré que estar agradecida porque los parroquianos se han quedado sin bocado. Pero yo tendré que aguantar el mal aliento de su hijo, ¡porque es mi cumpleaños! Bueno que se joda, a mi hoy también me canta el coño a bacalao que flipas

Guardo las formas como siempre ante la atenta mirada de los salidos de la barra, pero ante la reiterativa frase de la madre que al tiempo le quita credibilidad al asunto; “este año se ha acordado él solito…” pienso en por qué mi novio recuerda mi cumpleaños, ¿Cómo iba a olvidar una fecha tan señalada? El mismo día del nacimiento de su novia, a Ringo lo ingresaron en una clínica para desintoxicarse, problemas de alcohol. Los Beatles, para entonces, ya estarían en el salón de la fama del rock. Yo nacía, era una madrugada de invierno y olía a la mezcla del sudor de pies con la piel de las alpargatas.

En la cena no le pude contar nada, sólo se hacía el pánfilo-romántico, como sabe que me gustaba que fuera antes…
Ahora preferiría otra cosa y más ahora mismo.

Me lleva a su casa, hoy su querida novia le ha liberado de ayudar a recoger el bar. Me sube a su habitación, por la escalera le voy metiendo mano y excusándome inocentemente por lo borde que estoy siendo. En su cuarto intenta sacar su guitarra, pero yo le tiro contra la cama, le desabrocho el pantalón y dejo caer mi sujetador.

Veinte minutos después, estoy contando las cagadas de mosca en la bombilla. Él, esforzándose por abajo. No es que lo haga mal, pero me acabo de apercibir del denso olor a sudor de sus pies en la piel de las alpargatas al pie de la cama y me ha desconcentrado totalmente, cariñosamente le pregunto si tiene algún otro plan. Él saca una botella de whisky escocés, no puedo más, me siento en la cama y me quedo seria, le digo muy despacio y con mucho tacto, “no más escocés, prefiero el bourbon” me mira y se ríe, me siento idiota. El agarra la guitarra y tira de mí. Me gustan esos arrebatos violento-pasionales, lo malo es que nunca sabes dónde conducen…

Este arrebato nos llevó a la calle donde de pequeños jugábamos al conejo de la suerte y nos mirábamos con cara de asco, donde cuando repitió curso se escondió tras romperle la luna al coche del profesor de ingles y sobre todo, donde esos besos…

Se puso a cantarme el “Penny Lane” justo en esa calle. Desconociendo por qué la escribió Paul.

NO PUDE DECIRLE QUE HABÍA CRUZADO ABBY ROAD

(continuará...)

lunes, 3 de noviembre de 2008

No soy Hank Moody (Capítulo piloto, jueves)

Se despide en el taxi de los colegas, entre bromas y chistes. Abre la puerta del portal, en el ascensor suspira como si se le fuera la vida en ello y cambia la sonrisa absurda por una estupida mueca.

Entra sigilosamente al piso, el que parece no estar habitado, persianas bajadas, nada sobre la mesita de la entrada, no cuelga una prenda del perchero y atraviesa el salón con las sillas perfectamente colocadas alrededor de una mesa en la que no hay nada.

Sin encender la luz tantea la puerta de su dormitorio, enciende la luz, dilata la nariz respira fuera, respira dentro, mira un montón de ropa sucia, mira la ventana, un ambientador y no hace nada.
Avanza quitándose la camiseta, saca sus cosas de los bolsillos, una libreta un lápiz, el móvil, el mp3 y la cartera.

Su habitación es pequeña, tiene el portátil sobre una silla pegada a la cama, una guitarra apoyada sobre un colage de roqueros.

Sale del cuarto desabrochándose el pantalón y deja entreabierta la puerta de la habitación.
Pasa al baño cierra el pestillo, sobre el lavabo hay útiles de maquillaje, unas tijeras y un peine. Se sienta en la taza, mira al espejo que tiene la marca de lo que hace horas serian gotas de agua y se fija que hay una tapa de base de maquillaje en el suelo, la coge suavemente y la deposita sobre la repisa del lavabo.
Sin haber hecho nada, automáticamente corta papel y se limpia, lo tira, se levanta, tira de la cadena y cierra la tapa.

Se lava las manos con agua, se las llena de jabón y lo huele lo que le produce una sensación agradable, se mira brevemente al espejo y se termina de lavar las manos, sale del baño.

El pasillo está oscuro solo un haz de luz sale de su habitación y la luz difusa de una farola que entra por la ventana de una habitación que está abierta.
Se queda mirando la habitación, en esta no hay nada, pero es más grande que la suya, una mesa de escritorio polvorienta, estanterías vacías y un colchón sin sabanas.

Se va hacia su cuarto, entra y se queda de pie mirando la guitarra, mira al ordenador y se sienta poniéndolo en sus rodillas.

SE PUSO A ESCRIBIR…