Joder, en el tren solo pensaba en llegar a casa y escuchar el concierto de russian red del otro día. Me pone esa tía más que nadie, pero era mi cumpleaños y no me iba a quedar escuchando la radio, además “tampoco soy lesbiana”, pensé hacia mis humeantes adentros. Además estoy cansada, llevo 4 días prácticamente de fiesta, lo que me recuerda que me queda un cigarro. A él no le gusta… pero hoy es mi día (aunque lo lleve siendo toda la semana).
Mierda, seguro que has sido tan cutre de encargar una cena en el bar de tu madre. Es lo primero que le espeto tras un largo silencio en el coche y lo peor es que no han llegado sus dedos a rozar mi vello púbico y el pobre ha retirado la mano asustado. Si, a veces me paso un poco… Pero es que en presencia de su madre no puedo fumar y me espera una larga cena sin tabaco y sin saber muy bien dónde mirar y cómo fingir, cuando su madre me de el regalo cutre de turno, con todo su mal gusto y toda su buena intención.
Llegamos al bar Loli, su madre nos ha preparado unas de sus famosas croquetas de bacalao y tendré que estar agradecida porque los parroquianos se han quedado sin bocado. Pero yo tendré que aguantar el mal aliento de su hijo, ¡porque es mi cumpleaños! Bueno que se joda, a mi hoy también me canta el coño a bacalao que flipas…
Guardo las formas como siempre ante la atenta mirada de los salidos de la barra, pero ante la reiterativa frase de la madre que al tiempo le quita credibilidad al asunto; “este año se ha acordado él solito…” pienso en por qué mi novio recuerda mi cumpleaños, ¿Cómo iba a olvidar una fecha tan señalada? El mismo día del nacimiento de su novia, a Ringo lo ingresaron en una clínica para desintoxicarse, problemas de alcohol. Los Beatles, para entonces, ya estarían en el salón de la fama del rock. Yo nacía, era una madrugada de invierno y olía a la mezcla del sudor de pies con la piel de las alpargatas.
En la cena no le pude contar nada, sólo se hacía el pánfilo-romántico, como sabe que me gustaba que fuera antes…
Ahora preferiría otra cosa y más ahora mismo.
Me lleva a su casa, hoy su querida novia le ha liberado de ayudar a recoger el bar. Me sube a su habitación, por la escalera le voy metiendo mano y excusándome inocentemente por lo borde que estoy siendo. En su cuarto intenta sacar su guitarra, pero yo le tiro contra la cama, le desabrocho el pantalón y dejo caer mi sujetador.
Veinte minutos después, estoy contando las cagadas de mosca en la bombilla. Él, esforzándose por abajo. No es que lo haga mal, pero me acabo de apercibir del denso olor a sudor de sus pies en la piel de las alpargatas al pie de la cama y me ha desconcentrado totalmente, cariñosamente le pregunto si tiene algún otro plan. Él saca una botella de whisky escocés, no puedo más, me siento en la cama y me quedo seria, le digo muy despacio y con mucho tacto, “no más escocés, prefiero el bourbon” me mira y se ríe, me siento idiota. El agarra la guitarra y tira de mí. Me gustan esos arrebatos violento-pasionales, lo malo es que nunca sabes dónde conducen…
Este arrebato nos llevó a la calle donde de pequeños jugábamos al conejo de la suerte y nos mirábamos con cara de asco, donde cuando repitió curso se escondió tras romperle la luna al coche del profesor de ingles y sobre todo, donde esos besos…
Se puso a cantarme el “Penny Lane” justo en esa calle. Desconociendo por qué la escribió Paul.
NO PUDE DECIRLE QUE HABÍA CRUZADO ABBY ROAD…
(continuará...)

1 comentario:
Esta chulo Banda, me has sorprendido sisi. Tú en la cabeza de una tia jajaja, estas hecho un notas con gracia :D. En este relato has dado una vuelta de tuerca, me han gustado los saltos en el tiempo y aunq es mas extenso q el anterior se lee nuy bien. Te felicito, sige asi. Un saludete.
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