Él, era feliz, en teoría.
Tenía algo que hacer, alguien a quien amar y algo que esperar. Tenía un chiste muy malo y un chiste grosero.
Entre la teoría y la práctica, ponía excusas para verte, como por ejemplo; ¡Que era ciego!
Una hoja en blanco le valía de bandera para reconciliarse con el mundo. Pero todas las historias le decían lo mismo.
Había material donde elegir, tenia las manos llenas. En su mano derecha lo mediocre y en su izquierda lo vulgar. ¡Todo un mundo de posibilidades! En unos tiempos difíciles de etiquetar.
Bailaba con la certeza de poder elegir. Sin conocer los pasos del baile. Sin que le enseñasen a elegir.
Toda elección tenía sus pros y sus contras. Quedar bien o que quede bien.
Opto por lo primero, pero no tenía tiempo para todos. Opto por lo segundo y se quedo solo.
Y en un intento por salir del bache, teniéndolo todo, siendo feliz en teoría, sabiendo que tampoco era para tanto, entre lo malo y lo peor, eligió nada.
La trapecista que quería que la invitaran a bailar
Hace 14 años
