martes, 30 de noviembre de 2010

¿A qué esperamos?

Estoy con la soga al cuello, porque escribo. Porque escribo, la cuerda no se tensa. Y mañana repetiremos cómo otro sábado más, cómo otro sábado cualquiera. En que cada uno va a lo suyo.

La pereza desespera al final de las enigmáticas curvas que esperan. ¿A qué esperan? ¿Para qué esperan…? Seamos divertidamente serios.

Si, en esos ebrios momentos, veo con claridad. A ti no te encontrare en un tugurio de Malasaña. Y a eso se debe mi éxito, la raíz de mi desastre.

Me raya ver a esa gente que parece parte de la decoración de los bares, a veces temo ser visto cómo uno más de esa especie o acabar siéndolo…
Siempre es lo mismo, el cortejo cada vez se hace más repugnante. El sexo más sucio, banal y vacío. ¿Y tú a que esperas?

Espero el inspirado momento en el que nos quedemos sin ideas. Que se nos acaben los argumentos y no quede otro remedio que ser felices.
Aunque mañana escriba algo totalmente diferente, aquí y ahora escribo, es el momento, desde lo más profundo de mi egoísmo, te quiero.

Infielmente tuyo, al final del día, de la noche de los días. Pase lo que pase, siempre estás tú. Aunque estés ausente o el ausente sea yo...

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