viernes, 26 de diciembre de 2008

Tonto y feliz como un villancico. (Extra de navidad)

Funde a negro sin abrir fundido. Sobre vuela la atmosfera de canal a canal The Von Bondies y tú seguirás tan guapa bailando sola.


Molestia estereofónica en mi oreja, sigo dando cera. Y ante mi una grada. Frente a la grada el mar y yo no estoy…


¿Cuando te vas? me pregunta Benigni. ¡Si acabo de llegar! Me deben quedar siete u ocho horas, pero no aquí. Y no me pienso enterar. Pues he bebido tanto café, que pasaran como en las quinientas millas de Indianápolis, cuando ponen una cámara en un coche. Dejare el subjetivo…


Y el otoño en mí, se resiente mi oreja. Está me la sé.


Me sumerjo en la arena del fondo, ahí cojo aire. Salgo a lo más profundo de la superficie y os observo. Miráis como si fuera a matar al protagonista antes del tercer acto… miráis como si fuera vuestra vida ficticia. Y veis los miedos, igual que dudo del valor.


La verdad es que no estaba premeditado, solo soy uno y no estoy. No estoy en vuestras cabezas, por lo menos en tantas como me gustaría. Es coña, simplemente casi nunca suelo ni estar por la mía o ese era mi objetivo de partida…


Todos esperan que abra la boca, pero es esta la que se me abre…


Si tengo que decir algo, diré; ¿Has visto…? que es decir nada.


El viento borra las huellas y se llevara con él el informe del censo del gotéele de tu pared, lo que te llevo la vida… mientras retumba en la atmósfera una retransmisión de la guerra de los mundos, aquí dios esta nostálgico y en vida se plantearía solo caminar sin dejar huella.


Parece que intento mezclarme entre vosotros, tomar forma corpórea, como cada noche intentamos todos… pero no, un espigón que no para de aumentar según avanzo me lo impide. He debido cenar opulentamente.


Y las palabras te hacen creer que le dan un sentido a las letras.


Solo son eso, letras… ordenadas aleatoriamente según la zona geográfica y como el sol, el viento y los reflejos del ordenador inciden sobre cada uno de nosotros.


Debería de matar este cementerio con la pipa que se quiere hundir en “come as you are”. Me sobra una opinión que no he pedido y es la que más me ha influido, quizás por su originalidad y estupidez, como son todas las genialidades de estúpidas. Tan estúpidas verdades que no son honestas.


Narices anestesiadas, mentiras que hacen metáforas con pinocho y mi entrepierna. La dipsomanía y los finales felices que se quedan a medias…


COMO EN UN SUEÑO.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

La soledad, en primera persona. (Capítulo siete, jueves)

Cómo árboles después de la tormenta, están los cigarrillos de mi bolsillo, unos empapados, y otros además quebrados.

La estación de autobuses es una miscelánea cosmopolita, todo el mundo tiene mala pinta.

Por las calles que conocemos por canciones, deambulan letras formando estrofas, pero solo letras. Fotogramas de esas mentiras cotidianas que tan pocos privilegiados nos han sabido contar, llámese Almodóvar, Colomo o León de Aranoa. ¿Cuántas mentiras por segundo hubiese contado Haneke de Madrid? ¿Haría la misma película una y otra vez?

Un niño casi me rebana la cabeza con una espada de globo. Si, es navidad y ahora mismo me sobra el abrigo. Me propongo doblar dos veces el horizonte, pero mi vista acaba en un diluvio de paraguas.

Algunas señoras deberían sacarse el carnet para manejar paraguas. Casi me saltan un ojo…

¿Por qué ando tan deprisa? ¿Dónde voy? ¿Me estaré dejando llevar, realmente?

Madrid me causa claustrofobia y agorafobia a la vez, es una ciudad camicace. Los suicidas se aglomeran en los semáforos. Al fin y al cabo me resulta normal que me haya dejado, esta ciudad es como era nuestra relación. Lo que yo le daba, aquí siempre presente esta, recordando la urgencia de actuar a tiempo.

Solo me propuesto no hacer nada, pero una nada autentica, a ver si consigo dejar de pensar.

Todo son cuentos morales.

Ya quisieras tu ser una buena coleccionista. Lo busco, lo cambio y lo descambio. No me vale.

En un bar escribo las primeras hojas de “*haberte ido de vacaciones”.

El alquiler es caro y la casa esta a tomar por culo. Pero al hombre del bar le he caído bien y además esta hasta arriba…

Dejo un bar y me vengo a otro…

Borro con trabajo, tú circulo de mi esfera. Mis fobias distraídas por todos los clientes menos uno…


ESE, QUE SIEMPRE ERES TÚ.

*haberte ido de vacaciones; mejor guión hasta la fecha de Ignacio Rodríguez, en el que en sus 10 primeras hojas narra como un chico de pueblo encuentra piso en Madrid, tras una larga jornada sentado en un bar.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Mercadillo. (Capítulo seis, miércoles)

Tengo los bolsillos llenos de cigarrillos. La mochila preparada entre cajones de botellines.

¿No regateas? No. ¿Cuánto vale el precio? Pues, según, si llueve, te dejo el paraguas en 5 euros. Tiene las varillas rotas y cuando salía del bar de mi madre, entre nubes y claros me pedía 3 euros… Ya no hay caridad humana, aunque dudo que alguna vez la haya habido.

El mundo es un gran mercado, todo tiene precio, hasta el precio. Yo, solo puedo aspirar a deambular por mi mercadillo, en paro, sin intereses, ni ambiciones, sin tener nada que hacer… Estoy de oferta.

Mi chica me ha quitado el precio y se me ha olvidado regatear.

Nunca entendí de tallas de bragas, ni de sostenes… La lluvia vuelve sexy a cualquiera. Pienso que después del chaparrón, solo quedara un gratificante olor a tierra mojada y nosotros secándonos la ropa…

Pero no, aquí en diciembre solo hace frío y ni los caracoles exhibicionistas salen a masturbarse. ¿Querrán los días participar de mi desidia y pasar más deprisa?

Cada día en el bar pienso, esto no es lo mío. Por la noche, después de unas risas salgo de mi caparazón y me digo aquí estoy a gusto y vuelvo a esta absurda rutina. Total, no soy el trompetista del utopia.

Quiero cambiar, irme a un país extranjero, perderme. Pero tengo demasiados compromisos…

Siempre lo mismo, miércoles tras miércoles, puesto tras puesto, siempre en el mismo sitio. Bueno, hoy no ha venido el zapatero sin su mujer. Eso que me pierdo, no se como la zapatera a aguantado tantos años con su marido… Mi chica ahora estará con alguien que no vale más que yo.

Aunque yo valga lo mismo que el resto de seres que no valen nada.

¡Hasta luego autoestima! Hola, auto-estigmas.

No voy a cambiar y el sol saldrá, para todos igual. Necesito escuchar lo de siempre, para saber donde estoy y si me voy, quien sabe a donde, quien sabe a que, lo escuchare. Veré las mismas pelis, una y otra vez.

La lluvia a limpiado las calles del pueblo, hoy no compartirán cotilleos las arrugas de la ropa del mercado con la fruta madura. Se quedaran en la ventana, diciendo nada y toda tu escalera.

Nunca estabas, nunca has estado, nunca he estado. Prefiero buscarte, entre mi, entre mis tripas. Si salgo de esta, estaré desmembrando la ceniza como a cada rato, que sin mi ríes y si llego, nunca más seré un “paluego”.

Entonces, déjame verte, una vuelta, un vistazo. La misma silueta en la sombra, las mismas piernas, el mismo culo y el pecho. Pero distintos labios…

Ahora si, ahora es el momento. Cojo la mochila y no miro atrás.


PREFIERO BUSCARME.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Messenger. (Capítulo cinco, martes)

Hoy es el primer día de mi vida, suelo prometerme a diario. Pero es martes, ¿Cómo voy a encauzar mi vida un martes? No, no me da la gana. No deberían de existir, así sin más. Creo que fue uno de los primeros martes de la creación, cuando a Cupido y a la muerte se les mezclaron las flechas y ahora nos tenemos que joder y aguantar muertes prematuras, ¡ancianos enamorados!

¿Que lío es este? Nadie sabe nada nunca. Preferiría haberme quedado todo el día en la cama. Ya ni siquiera te permiten ser amable…

“Oyes, no te aguanto” digo como si la bolsa de la compra me oyese. No, no sabemos relacionarnos. En la escuela, nos explican demasiado explícitamente para mi gusto, el proceso de la nutrición y de la reproducción. Pero siempre se dejan la relación para final de curso, para no meterse en un berenjenal del que nadie entiende.

Y es que, no. No sabemos relacionarnos. El brillo me deslumbra y deslumbrada, no veo.

Un anciano, ya jubilado (me refiero, a jubilado ya de ser anciano). Me ha dado lastima el hombre y a mi me apetecía sentirme bien conmigo misma. Saliendo de casa, el hombre entraba hecho mierda y le he cogido las cosas y le he ayudado a subir a su casa y tal ¿OK?

Vale, pues sigo.

Por la escalera me mete mano. En estas, se oyen voces de un joven, desde la azotea y de barullo de gente en la calle. Dicho sea de paso, dejando a un lado el consentimiento, que me metan mano, me gusta. Casi siempre suele ser agradable…

No te despistes, sabes a que me refiero.

Al llegar a su casa, le estaba dejando las bolsas en la cocina y se me presenta con un anillo, que soy la mujer de su vida, que acaba de conocer el amor al verme, que le queda poco tiempo… Suenan sirenas.

Le digo al viejuno, que se deje de chorradas que en la calle debe pasar algo gordo. Oigo más gritos. Me voy a la ventana.

Un joven cae desde la azotea y se estampa contra el suelo…

Es muy fuerte, pero déjame continuar.

Me doy la vuelta conmocionada y el viejo que se ha quedado en bolas.

¡No me preguntes eso!

Me tengo que ir.

MAÑANA HABLAS TÚ.