lunes, 12 de enero de 2009

Too drunk to fuck! (Capítulo nueve, sábado)

Dead Kennedy’s por bossa nova irritan sus ojos, mientras los aprieta empieza a agitar la cabeza. Un modernito que aun no ha superado el acne juvenil le ofrece un mini de cerveza, ella se lo bebe de un trago y le devuelve al chaval el mini vacío y sigue a su bola. No recuerda hace cuanto tiempo se le olvido con quien había ido.

Sigue disfrutando de no haber nacido a tiempo para meterse coca en el estudio 54.

Sin ser como Anna Karina en “vivre sa vie” provocaba igual. Cuando dejo a su novio, tarde para ser catamita de nadie, se prometió que la edad de sus amantes masculinos superaría la suya por lo menos en seis años. Pero hoy no, hoy solo quiere quedarse sola en su burbuja.

Sabe que no es cuatro de junio de 1976, cuando los sex Pistols tocaron en Manchester por primera vez, ante las 42 personas que de estar sentadas al cabo de una hora inventaron el baile del “pogo”. Aquí no están los Joy division, ni nada parecido.
Por eso ella está sola rodeada de gente, en un acto multitudinario, cree que si solo es ella puede hacer algo más grande que el punk, el new wave, o el asesinato de Julio Cesar, en el cual hubo 5 espectadores.

Pisotones arrítmicos frustran sus delirios de grandeza, gargantas secas con cresta interrumpen su mística conexión, no canta. Solo se seduce, haciendo acrobacias en Exopotamia.

Es un jardín polar de abrazo tropical, fantasean los modernitos que empiezan a rodearla. Uno ya ha conseguido una sutil bofetada helada de desprecio, pero no parece haberle sido suficiente.

Al sentirse asediada, levanta los brazos y baila como si estuviera en Piccadilly. Nota unas manos que se posan en su cintura y se deja llevar. Ellos deben ser cinco o seis, no los va a contar. Ahora lucha por no abrir los ojos y se estrecha su burbuja aun más.

Una versión a capella de “ever fallen in love” da paso a una versión electrónica de “el cascanueces” con la que se encienden las luces y se apagan los focos. De la esperanza a la tristeza cotidiana.

Abre los ojos, una oleada de gente parece que la devolverá a tierra. Con la borrachera no hace ni por esquivar a los modernitos que la escoltan. Es la palabra silenciada.

No hay euforia predepresión, ni se arrepentirá en la cama a las cuatro de la tarde. Es ahora. Grita callada a la multitud “¡estoy borracha, joder!” los ojos se le cierran solos, pero los fuerza y aprieta sus parpados intentando no derramar una sola lagrima.

Necesita besar a los dueños de la razón, que la abracen sin consolarla.

…SE QUEDO LADRANDO AL PERRO DE BUÑUEL.

No hay comentarios: