Aquella tarde, ante la atónita mirada de la dama de gafas oscuras, empañadas por el café y de cupones que de sus hombros brotaban, se situaba al otro lado de la barra. No hice nada.
Había quedado contigo, con el propósito de no pasar solos una noche más.
Me levante temprano, ya con mi media sonrisa. Un café con cigarro y a la ducha. Me podé, dedique más tiempo y empeño del normal a zonas tan intimas para mi, como mi piñata de pirata.
Pase un rato ante el espejo, me decidí por un look sobrio, pero un tanto Indie, mariconera incluida.
Cuando me quise dar cuenta se me hecho la tarde encima.
Derroche alguna gota de sudor, todo por llegar a tiempo a esa cita que en ultima estancia un sms retrasaba.
Para colmo el bar no era de ese tipo de bares a los que me agrada ir solo. Molaba, pero para estar contigo. En definitiva, no me gustaba una mierda.
Agobiado me pedí una caña. Percibí la presencia de una chica callada, que sentada en una mesa, llevaba tiempo sin consumir nada. Con un café que parecía que ni le gustaba. Como pedido por compromiso.
Leía un libro, cuidadosamente abierto algo menos de 90º. Lo cogía de tal forma que no me dejaba leer el titulo.
Del libro su mirada verde no apartaba, mientras yo por el espejo del fondo de la barra, por el rabillo del ojo y siguiendo una jugada geométrica de reflejos perfecta, la observaba.
Agache un poco la mirada, con el movimiento simultáneo de su brazo que se estiraba, dejándola ver la hora en su reloj de pulsera, el cual la esfera apoyaba en la mesa. Un giro de muñeca debió dar para verla. No lo se, pues en esta estratégica jugada solo me dio tiempo a mirarle las tetas.
Regrese rápidamente impresionado a mi cerveza casi llena. Solo me vio una ciega.
Volví a mirarla y la note apresurada. Pero seguía leyendo. Tendrá que devolver ese libro a la biblioteca, me dije.
Voy a dar un sorbo a la caña y noto un zumbido del móvil que casi me atraganta.
Otra vez has vuelto a cambiar los planes a tu antojo.
Al camarero le digo, esta vez con palabras y girando la mirada hasta la posición exacta del espejo; Cóbrate del café y de mi caña.
La trapecista que quería que la invitaran a bailar
Hace 14 años

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